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LA VIDA GOLPEA DURO


"Voy a decirte algo que tú ya sabes, el mundo no es todo alegría y color. El mundo es un lugar terrible y por muy duro que seas es capaz de arrodillarte a golpes y tenerte sometido permanentemente si tú no se lo impides. Ni tú, ni yo, ni nadie golpea más fuerte que la vida, pero no importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte. Y lo aguantas mientras avanzas. Hay que soportar sin dejar de avanzar, así es como se gana. Si tú sabes lo que vales ve y consigue lo que mereces, pero tendrás que soportar los golpes. Y no podrás estar diciendo que no estás donde querías llegar por culpa de él, de ella ni de nadie, eso lo hacen los cobardes y tú no lo eres. Tú eres capaz de todo."


Rocky Balboa.

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PARA LOS QUE NO HAN VISTO PARADISE NOW

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PARADISE NOW




Sucedió en el año 2006. La Academia de Hollywood colocaba a la película "Paradise Now" como candidata al premio a la mejor película extranjera, en representación de Palestina. Así figuraba en la web oficial de los Oscar.
"Paradise Now" reclama el derecho a existir, no en un soporte físico, el cual ya poseía, sino en el imaginario colectivo mundial, contraponiéndose a las campañas de descrédito fomentadas por el gobierno israelí y diversas organizaciones judías norteamericanas.
La película fue presentada cuando se anunciaron las nominaciones como candidata a mejor película extranjera en representación de Palestina, sin que la Academia no tomara una decisión definitiva sobre si sería identificada como procedente de la Autoridad Palestina o de los territorios palestinos.
La campaña fue algo personal para los judíos. Gran número de ellos se sumaron al indudable boicot. Inclusive se buscaron las firmas de familiares de víctimas de atentados para una carta que exigía a la Academia que retirara "Paradise Now" de la lista de candidatas.
A ello también se sumó la prensa hebrea, la cual puso en marcha distintas matrices para desacreditar la película. Una de ellas supuestamente informaba a los miembros de la Academia de los errores de la producción; entre ellos, y según The Jerusalem Post, "humanizar a asesinos de masas".
Los que se oponían a la publicidad de la película tenían un secreto propósito: evitar a toda costa que la gente conociera una realidad que, a diario, los grandes medios de comunicación, movidos por distintos intereses, ocultan. Para ellos, los palestinos, sencillamente, no existen. No será una película la que devuelva una patria a los palestinos, pero, de seguro, las miradas honestas que tratan de comprender el drama de seres humanos que están siendo exterminados han de ayudar a que el conocimiento de la tragedia se profundice en Occidente.
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FORMACIÓN DEL LENGUAJE CINEMATOGRÁFICO (1895-1927)


Desde su aparición, a fines del siglo XIX, el cine se ha configurado como el medio de expresión más característico de nuestra época. Muchos factores contribuyeron a ello. Por una parte, gracias a la fotografía que le sirve de base, hereda un modo de reflejar la realidad que tiene quinientos años de existencia (1). Pero de otro lado, el cine introduce un factor completamente nuevo en la historia de la representación visual: el tiempo, “cuarta dimensión”, tan importante en la teoría de la relatividad, que obsesionó a cubistas, futuristas, surrealistas, entre otros. “Desde el período inicial el cinematógrafo trató de encontrar los recursos para transmitir los sueños, los recuerdos, del estilo directo no propio, recurriendo a la superposición de imágenes y otros recursos en el presente rechazados. Actualmente el cinematógrafo tiene una amplia experiencia de transmisión de diversos tiempos verbales de la acción presente y no real a través de lo real” (Lotman, 1970. p. 130).
El realizador puede acortar y alargar las escenas o hacerlas coincidir con el tiempo de filmación; por eso el cine es el arte existencial por excelencia, destacando: entre el tiempo-espacio vivido por el espectador y el de la película hay siempre una cierta semejanza que no se da del mismo modo en las otras artes visuales. Además, para abastecer el mercado, existen grandes empresas productoras y distribuidoras, donde una legión de actores, técnicos, guionistas, directores, decoradores, etc., participa en la elaboración de cada producto.
“Si el cine escapa, por lo menos en gran parte, al divorcio contemporáneo entre el arte viviente y el público, si el cineasta puede aún permitirse hablar a otros que no sean sus amigos (o que podrían serlo), es porque en la empresa fílmica existe el secreto de una presencia y una proximidad que reúnen a la mayoría y llenan, mal que bien, las salas” (Metz, 1972, p. 19). Ello significa que el cine es un arte de masas, cuya existencia habría sido imposible fuera de la sociedad industrial y de las formas de vida urbana propias del siglo XX.
El interés de este medio de expresión resulta también excepcional porque en él se resuelven algunas de las contradicciones más agudas del arte contemporáneo. Entre las “novedades lingüísticas” y la “fácil compensación para la mayoría”, las vanguardias han abierto un foso difícil de salvar; lo mismo cabe decir respecto a las formas artesanales de producción artística y el carácter industrial de toda la vida económica. Con el cine, en cambio, ha surgido un nuevo lenguaje de gran interés y asequible para las masas; también se han conectado la estética y la industria, la vanguardia artística y la vanguardia política, haciéndose efectivos muchos anhelos de los artistas de nuestro tiempo.
Sin embargo, todo ha sido el resultado de diversas etapas. En la historia del cine existe un primer período durante el cual la imagen, auxiliada por pequeños textos, debe bastar para sugerir todos los acontecimientos y aspectos de lo narrado. El sonido con la voz humana, la música y el ruido, no se divulga hasta los años treinta. Pero el cine mudo tiene una importancia capital porque la carencia sonora estimula la creación de una gramática visual muy elaborada, que permite dar cuenta de los distintos acontecimientos de la realidad (documental) y satisfacer las más complejas existencias de todo tipo de relatos (elipsis temporales, estados psicológicos, acciones paralelas, etc.). Asimismo entonces se crean los géneros y la infraestructura industrial básica sobre la que descansa el cine hasta nuestros días. El carácter testimonial del nuevo arte se inicia con las primeras filmaciones de los hermanos Lumiére, pero aunque pronto aparecen las películas de fantasía y las reconstrucciones “exóticas”, es evidente que cada una de las grandes escuelas del cine mudo ha sido fiel expresión de la sociedad y la cultura de los momentos y países donde han surgido. Las primeras grandes obras de Hollywood son inseparables del poderío económico y de la crisis de crecimiento de la sociedad norteamericana. El expresionismo alemán y el surrealismo cinematográfico tienen mucho que ver con la eclosión de las vanguardias artísticas. Finalmente, el nuevo cine soviético logra una síntesis grandiosa entre los ideales políticos y los más avanzados procedimientos expresivos; en él se sistematiza la técnica del montaje, con la cual el arte cinematográfico alcanza su plena mayoría de edad.
Desglosemos. La instantánea fotográfica que se desarrolla en el último cuarto del siglo XIX es el punto de partida del cinematógrafo. La descomposición del movimiento en series de imágenes (Muybridge), la proyección de las mismas en una pantalla (Charles-Emile Reynaud, 1892) y la introducción por el norteamericano Thomas Alva Edison de la película de 35 mm, con un mecanismo perfeccionado por su arrastre, son los supuestos técnicos fundamentales del séptimo arte. Un fenómeno óptico, la persistencia retiniana nos da la clave de la respectiva: toda imagen registrada por la mirada permanece en la retina un tiempo mínimo; si durante ese tiempo se sustituye la representación por otra similar, el ojo no percibe alteración alguna. Por tanto, muchas imágenes estáticas que descomponen un movimiento pueden servir para “reconstruirlo” si se proyectan sobre un mismo soporte a una velocidad determinada.
En todo esto se basaba el aparato de los hermanos Luis y Augusto Lumiére, que han pasado a la historia por ser los promotores de la primera exhibición pública cinematográfica, en un café parisino el 28 de diciembre de 1895. Se inicia así un primer momento, del que lo que más interesa es el carácter de las películas; títulos como La salida de los obreros de la fábrica Lumiére, La llegada del tren, Partida de naipes, entre otros, dan una idea del contenido testimonial de estos films de uno a tres minutos de duración. El operador se plantaba frente a los hechos para mostrarlos sin plantearse los problemas de la puesta en escena, pues creían que el cine era una curiosidad científica.
Frente a ellos, Georges Méliés, con vocación de mago e ilusionista, avanzará en una dirección fantástica. Sus películas están construidas con trucajes, decorados y efectos especiales. Lo que aprecia en el cinematógrafo no es la posibilidad de reproducir la realidad, sino la de enriquecerla con un aporte poético y sorprendente. Así, en El hombre de goma (1902), Viaje a través de lo imposible (1904), El viaje a la luna (1902).
En Estados Unidos, los comienzos de la industria cinematográfica están dominados por Edison, en cuyo estudio comenzaron a plagiarse muchas películas europeas. Es ésta la tarea que realiza, desde 1902, Edwin S. Porter. Pero la necesidad de imitar a Méliés le estimula a realizar sus películas mediante la adición de escenas “artificialmente compuestas”. Adoptando la puesta en escena de Méliés, el montaje descubierto por los pioneros ingleses (2), y los perfeccionamientos narrativos aportados por el francés Zecca, Porter hace en 1902 una película fundamental, titulada Salvamento en un incendio. Por primera vez se utilizan “acciones paralelas” mostrando sucesivamente a los bomberos que apagan el incendio y la angustia de las víctimas. El suspense que crea en esta cinta y la utilización del primer plano son otros tantos recursos innovadores. Al año siguiente, Porter rueda Asalto y robo de un tren, una de las primeras películas de acción donde se relata con gran eficacia un episodio complejo. El “western” como género, la filmación de escenas “en profundidad” (abandonándose la estética teatral) y el uso de un lenguaje discontinuo y dinámico, constituyen elementos que nacen o se potencian definitivamente con esta obra.
Porter, alejado de la tradición cultural europea, y su peso, dispone de mayor libertad mental para elaborar el nuevo lenguaje fílmico. En este aspecto su más importante seguidor fue David W. Griffith, quien desde 1908 va aportando hallazgos y consolidando descubrimientos anteriores. En El teléfono (1909) introduce el “salvamento en el último minuto”, cuya eficacia para mantener el interés del espectador se demuestra por su constante utilización hasta hoy. Con El nacimiento de una nación (1915), Griffith contribuye con la primera obra maestra del séptimo arte, independientemente de su ideología racista y del escándalo originado en principio: los primeros planos, los medios y los generales se combinan produciendo, a juicio de los espectadores de entonces, violentos choques ópticos, en constante unión con el uso de luz para efectos dramáticos.
Por los mismos años en los que Griffith hace sus aportaciones, la industria americana del cine se concentra en Hollywood, un suburbio de Los Ángeles. La necesidad de abastecer un mercado gigantesco favorece la producción de películas de una calidad uniforme. El culto a “la estrella” (la actriz o el actor famoso) y la aparición de muchos arquetipos (el héroe, el bandido, la ingenua, la vampiresa) son los pilares publicitarios y estético-narrativos en los que se asienta la prosperidad de Hollywood. Lógicamente, la creatividad y la independencia ideológica no pueden prosperar fácilmente en este medio. De ahí la importancia de Charles Chaplin, quien a partir de 1913 consolida al personaje “Charlot” (Caught in a Cabaret, 1914). Sus films proponen una poética del humor sin plegarse a las convenciones que imponen las grandes empresas cinematográficas.
Otra fructífera unión se da en el cine soviético, que trabaja en función manifiesta de la política oficial, sorprendiendo el elevado grado de congruencia entre objetivos políticos y calidad estética. Ello, porque tanto el Estado como el cine “son fenómenos revolucionarios que avanzan por caminos nuevos, sin pasado histórico, sin tradiciones que aten o paralicen, sin premisas de naturaleza cultural o rutinaria de ninguna especie. El cine es una forma elástica, extremadamente maleable, inexhausta, que no ofrece resistencia interior a la expresión de las nuevas ideas” (Hauser, 1998, p. 517).
Durante los años posteriores a la revolución se sientan las bases industriales, se crean nuevas temáticas, se desarrolla un lenguaje específico y se buscan otros canales de distribución y exhibición. Ninguna otra cinematografía nacional realiza entonces una tarea similar. En 1919 se nacionaliza la producción de películas, haciéndose depender esta actividad del Comisariado de Educación del Pueblo; también se crea la escuela cinematográfica del Estado, donde se forman los técnicos y artistas.
En cuanto al “lenguaje” se pueden distinguir dos etapas. La primera coincide con los años de la guerra civil, hasta 1921. Se hacen documentales desarrollándose una estética del realismo y de la pureza del objetivo. Dziga Vertov es el nombre más relevante. Luego, aparecen relatos que reconstruyen los episodios revolucionarios con gran complejidad sintáctica y riqueza poética. Esta segunda fase parte, en el aspecto estético, de los hallazgos que obtuvo Lev V. Kulechov en el “laboratorio experimental” que fundó en 1922.
Sin embargo, Sergei M. Eisenstein fue el encargado de suministra los ejemplos más importantes de la escuela soviética. En La huelga (1924), la colectividad suplanta al héroe individual y, por primera vez (con planos que alternan la represión zarista con el sacrificio de reses en el matadero), combina el realismo con la metáfora visual, buscando la profundización en las ideas y en los sentimientos. El acorazado Potemkin (3), 1925, su segunda película, a través de la sobriedad del relato y de la impecable técnica fotográfica, hace recaer sobre el montaje el mérito de haber creado un tiempo espacial en algunas escenas: la célebre escena de la escalinata tiene 170 planos y dura cerca de seis minutos.
“Desde el punto de vista de la evolución del lenguaje debe hacerse notar la importancia particular que el cineasta y teórico ruso Eisenstein asignó al rol del montaje en la estructura de un film. Utilizado hasta entonces (principios de la década del veinte) como un simple factor de ilación entre las distintas escenas filmadas, unidas entre sí eligiendo las mejores y los mejores puntos de unión, Eisenstein puntualizó las enormes posibilidades creativas del montaje “no anecdótico”, al yuxtaponer escenas que actuaban a la manera de metáforas simbólicas o plásticas. Subrayando la escena gráfica de sus escenas e intercalando tomas aparentemente inconexas pero capaces de despertar fuertes asociaciones en el espectador, Eisenstein lograba profundizar el lenguaje y dotarlo de nuevos elementos narrativos” (Feldman, 1984, p. 65).
En tal línea, todo lo que aparece en la pantalla tiene un sentido y frecuentemente un doble sentido que sólo se capta por medio de la reflexión (4). El uso simbólico en el film consiste en remplazar un objeto, un gesto o un suceso por un signo; se trata entonces de la elipsis o dejar percibir un “más allá” por el juego de imágenes entre sí o por la elección de situaciones o sucesos dotados de una dimensión humana suplementaria (Martin, 1962, p. 104). Por ello el símbolo puede residir en la composición de la imagen o en el encuadre simbólico con un elemento del decorado o un objeto. Para El acorazado Potemkin, Martin (1962) da el siguiente ejemplo: “la cabeza del pope que habla del temor de Dios a los amotinados está encuadrada unos momentos sobre un penacho de humo que brota de la chimenea, sugiriendo al espectador la idea de que es un iluminado” (p. 108).
Durante los primeros treinta años del siglo XX el cine se desarrolla como industria y alcanza una evidente madurez estética. Casi todos los elementos que caracterizan en nuestros días al “mosaico cinematográfico” están ya definidos cuando el sonido es incorporado al séptimo arte (El cantante de jazz, 1927). Esto es: su “inmaterialidad” (como objeto ilusorio: desaparece cuando se apaga el proyector); el manejo del tiempo, coincidiendo el tiempo fílmico con el de exhibición (salvo manipulaciones especiales); la posibilidad de la visión colectiva de cada proyección; la elección del escenario y preparación de los decorados; la elección de los encuadres; la profundidad de campo, que permite jerarquizar objetos o personajes; el movimiento de la cámara sin interrumpir la filmación; el movimiento de los actores y de los objetos, que difiere del teatro clásico; el montaje, en íntima relación con el ritmo.
Queda claro que la formación de un lenguaje específico hace del cine un fenómeno artístico complejo y diversificado. Sobre todo por la multiplicidad de perspectivas en que puede ser estudiado: en términos sociológicos, sicológicos, históricos, económico-sociales, estéticos o semióticos.

NOTAS

(1) La cámara oscura fue un auxiliar para desarrollar el sistema de la perspectiva renacentista.
(2) “Según Georges Sadoul, fue en Inglaterra, en Brighton, donde habría de descubrirse el montaje, habiendo hecho su aparición hacia 1901 en los films de viejos fotógrafos de playa convertidos en cineastas, G. A. Smith y Williamson. Según otros historiadores (...) el cine debe esta innovación al cineasta norteamericano Edwin S. Porter” (Mitry, 1978, p. 321). De todas formas, la importancia de Porter en el montaje no resulta descartable.
(3) Eisenstein relató en él un episodio menor de la frustrada revolución de 1905: motín marinero y descarga de los soldados zaristas contra la población civil de Odesa. La estética de Eisenstein respondía a un nuevo programa ideológico que dictaminaba que el pueblo, en cuanto agente de la historia contemporánea, habría de ser actor-protagonista de la película. Hizo actuar, pues, a marineros anónimos de la escuadra soviética. También eligió algunos escenarios donde supuestamente habría tenido lugar la acción real.
(4) “Se puede decir que toda imagen ‘implica’ más que ‘explica’” (Martin, 1962, p. 103)

BIBLIOHEMEROGRAFÍA

Azcárate Ristori, J. M. de, Pérez Sánchez, A. E. y Ramírez, J. A. (1992). Historia del
arte. Barcelona : Anaya.
Duhamel, G. (1933). Miseria y grandeza del cine. Síntesis. (4) 18.
Feldman, S. (1984). El cine: cara y ceca. Buenos Aires: Ediciones de la Flor.
Gubern, R. (1999). Historia del cine. Barcelona: Lumen.
Hauser, A. (1998). Historia social de la literatura y el arte. Desde el Rococó hasta la época del cine. Madrid : Debate. Tomo 2.
Lotman, Y. (1970). Semiótica del cine y problemas de la estética cinematográfica. México: Universidad Autónoma de México.
Martin, M. (1962). La estética de la expresión cinematográfica (2ª ed.). Madrid: Rialp.
Metz, C. (1972). Ensayos sobre la significación del cine. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo.
Mitry, J. (1978). Estética y psicología del cine. Madrid: Siglo XXI. Tomo 1.
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El GABINETE DEL DOCTOR CALIGARI




En Alemania, con el apoyo financiero del “Deutsche Bank”, se crea en 1917 la poderosa productora cinematográfica U.F.A. Se pretendía abastecer el mercado cinematográfico interior, pero también producir para la exportación. Estos objetivos se consiguen, en parte, porque el ambiente cultural expresionista suministra una base estética coherente y original, susceptible de fecundar la producción fílmica. Los antecedentes en este campo coinciden con la aparición de grupos como Die Brücke o Der blaue Reiter; en 1913, Wegener y Rye ruedan El estudiante de Praga, con el tema de un joven que vende su imagen reflejada en los espejos; la leyenda checa sobre el rabino judío que infunde vida a un hombre de barro inspira a Wegener y a Galeen El Golem (1914). El expresionismo cinematográfico se adentra, como consta, en el misterio y en lo legendario.
Las manifestaciones literarias, plásticas y arquitectónicas del momento se funden al reflejarse en la pantalla. Esto es evidente en El gabinete del doctor Caligari (1919) de Robert Wiene (1), donde se narran los crímenes del médium Cesare, hipnotizado por el perverso doctor Caligari. Si el tema es de por sí truculento, los decorados angulosos, con paredes inclinadas, ventanas flechiformes y extrañas chimeneas, contribuyen a crear un clima de angustia opresiva. Junto a esto hay que mencionar el maquillaje, los atuendos y la iluminación. Todo contribuye a alejar a El gabinete del doctor Caligari del “ingenuo” realismo. Nos hallamos frente a películas “artísticas” que asumen conscientemente su papel vanguardista sin renunciar, por ello, al aplauso del público (2). Se resalta el epíteto artísticas porque son filmes de activa participación en las vanguardias, contando con las características de aquella a la cual se pliegan. Así, son de resaltar los caracteres generales del expresionismo: diversidad de las formas, consideradas bajo el aspecto de la construcción y de la composición; necesidad de volverse con intensidad hacia la naturaleza interior, renunciando, por consiguiente, a todo embellecimiento de las formas exteriores de la naturaleza; mostrar los caracteres y las manifestaciones de esta transformación; ostentar los impulsos interiores en todas las formas que provocan una reacción íntima en el espectador; buscar detrás del velo de las apariencias exteriores (3). Sin embargo, ¿cómo se traducen en el cine? A saber: la firme proposición de una actitud antinaturalista, con escenarios que no imitan a la realidad, sino que reflejan plásticamente los estados anímicos de sus personajes. Este estilo se completa con el de la fotografía, iluminación, interpretación, etc.; subrayando un dato visual simbólico o un gesto. Se persigue la expresión oculta tras el objeto; los hechos en sí, como la enfermedad, el hambre, la prostitución, no tienen ningún valor, pues se debe distinguir su esencia y buscar tras ellos su significación, yendo más allá de su "falsa realidad".El efecto expresionista es el resultado de la iluminación: choques violentos de luz y sombra. Los actores adaptan sus actitudes y comportamientos a las contorsiones del decorado (4).
En tal línea, en El gabinete del doctor Caligari es la escenografía la que cobra una enorme trascendencia. Realizada con un sentido planimetrico, las calles y perspectivas no tienen profundidad real, lograda a veces a través de un telón de fondo que representa la prolongación de las callejuelas mediante líneas onduladas. Y sin respetar los ejes verticales, se transforman los interiores de exteriores en un marco inestable a punto de desintegrarse, con un movimiento si no real al menos psicológico, dado por la gran cantidad de direcciones diagonales. Las curvas, las líneas sesgadas, tienen en sí una significación netamente metafísica, porque la línea oblicua adquiere sobre el espectador un efecto muy diferente al de la recta, y las curvas inesperadas provocan una reacción psíquica de un orden totalmente distinto que las líneas de corte armónico. Lo que interesa aquí es crear la inquietud y el terror. La diversidad de planos se convierte en una preocupación secundaria. En la visión de un calabozo, donde los rasgos negros de ángulos y artistas se apretujan hacia arriba, la abstracción extrema y la total deformación del decorado logran su punto culminante.
Mediante ésta deformación seleccionada y creadora se dispone de medios que permiten representar la complejidad psíquica con intensidad. Fueron varias las películas en que se desarrolló esa "artificialidad" del decorado para crear las atmósferas cargadas del estilo expresionista. Del mismo Wiene se pueden citar Genuine y Raskolnicoff (basada en Crimen y Castigo de Dotoievsky).
En cierta forma, en El gabinete del doctor Caligari la distorsión se justifica al tener en cuenta que las imágenes representan la visión de un enajenado mental. Las manchas blancas y negras pintadas en el decorado, junto a los distintos elementos lineales, crean una verdadera puesta simbólica. Mitry (1978) la describe:
“César, símbolo de la agresividad inconsciente, es asociado a figuras triangulares. Interpretado por Conrad Veidt, amplio de hombros, delgado de caderas, moldeado en un ceñido traje negro, su propio cuerpo dibuja un triángulo. Los ojos, profundamente maquillados bajo los arcos superciliares, componen triángulos blancos inscritos en triángulos negros. La daga de que está armado constituye un triángulo blanco que se destaca sobre el triángulo negro de la casaca. Cuando César, en su sueño hipnótico, se encamina a matar a la hija del burgomaestre, penetra en su habitación rompiendo los cristales de una ventana vidriera y la rotura adopta una forma triangular, etc. Por su lado, la joven es asociada a verticales o a curvas gráciles. La habitación, espaciosa, casi vacía, donde reposa, da al jardín a través de ventanas vidrieras cuyos marcos forman paralelas alargadas hacia el cielo. Detrás de su lecho, un baldaquino componen arcos desde donde caen, lánguidos, largos velos blancos; y cuando César, en un sobresalto de lucidez, se apodera de la joven virgen en lugar de matarla, su largo camisón y los velos que arrastra sugieren, cayendo al suelo, la idea de un desastre semejante a la violación de Lucrecia...” (p. 268).
El expresionismo, por ende, traduce simbólicamente, a través de líneas, formas y volúmenes, la mentalidad de los personajes, al igual que sus estados anímicos e intencionalidad (5). Tiene mucho que ver con las manifestaciones pictóricas de la tendencia. No sólo por las formas, sino también por quienes las ejecutaron. Wiene, su director, obtuvo la participación de tres artistas expresionistas: Hermann Warm, Walter Röhrig y Walter Reimann, los cuales “eran adictos al grupo Sturm de Berlín que, por vías de la revista Sturm, de Herwarth Walden, promovía el expresionismo en todos los campos del arte” (Kracauer, 1985, p. 69).
Esta confluencia de los lenguajes artísticos en la narración cinematográfica deja claro una serie de consideraciones: que cada una de las disciplinas tradicionales del arte ha dejado su huella en la película, contribuyendo a determinar sus reglas de composición. Junto con la pintura tradicional, hay pues en la pantalla una pintura cinematográfica; junto con la literatura escrita, hay allí una literatura audio-visual; junto con el espectáculo escénico, hay un espectáculo cinematográfico; junto con la música tradicional, hay una música que “rige” la construcción de la película (Toeplitz, 1970, p. 100). En concordancia con las teorías de Étienne Souriau, que dictamina la correspondencia de las artes, las fronteras que separaban antes a las artes entre sí se esfuman o desaparecen. En ratificación, un ejemplo dado por Kracauer (1985):
“Caligari inaugura una larga procesión de películas hechas un ciento por ciento en estudios. Mientras que, por ejemplo, en esa época, los suecos se esforzaban en captar el aspecto real de una tormenta de nieve o el de un bosque, los directores alemanes, al menos hasta 1924, estaban tan complacidos con los efectos de interiores, que construían paisajes enteros dentro de las paredes del estudio. Preferían el dominio de un universo artificial a depender del capricho del mundo exterior. Su retirada dentro del estudio era parte del replegamiento general. Una vez que los alemanes decidieron refugiarse dentro del alma, podían permitir que la pantalla explorara esa realidad que abandonaban. Ello explica el papel preponderante de la arquitectura después de Caligari, circunstancia que ha llamado la atención a más de un observador. ‘Es de máxima importancia’, destaca Paul Rotha en una revisión del período de posguerra, ‘“aprehender la participación significativa del arquitecto en el desarrollo del cine alemán’. ¿Cómo podía ser de otro modo? Las fachadas y habitaciones hechas por el arquitecto no eran meros fondos para ambientar, sino jeroglíficos que expresan la estructura del alma en términos de espacio” (p. 75).
En virtud de las correspondencias artísticas, aunadas al comportamiento y espíritu de vanguardia, acudimos a un proceso semiótico en el cual el código convoca la adhesión de un emisor y de los receptores a quienes aquel se dirige. De este modo, la activación, por una parte, del código (o de los códigos) a que se refiere el emisor y la descodificación, por otra, del mensaje dirigido al receptor, exige una competencia comunicativa conjunta, como condición necesaria de convergencia para que se efectúe la semiosis (Reis y M. Lopes, 1995, p. 38). Esto significa que el funcionamiento del código se reviste de una dimensión social, al contener no sólo las prescripciones internas de su “gramática”, sino también su inserción en un determinado espacio y tiempo histórico, con los inherentes matices sociales, económicos y culturales de quienes utilizan el código. En El gabinete del doctor Caligari se combinan, en cuanto códigos, decorados, actores, luz y acciones, respondiendo al espíritu e interés de un colectivo histórico.

NOTAS

(1) Wiene fue su director; Hans Janowitz y Carl Mayer, sus creadores.

(2) Aparte de lo mencionado, el expresionismo alemán fue conocido en el mundo gracias a la obra continuada de algunos cineastas de talento. F. W. Murnau afrontó con sensibilidad la temática de moda. En 1922 filma Nosferatu el vampiro, adaptando al cine, por vez primera, la célebre novela de Stocker. Combina las escenas rodadas en el estudio con la filmación en escenarios naturales; así consigue el aire de verosimilitud que se exigirá en lo sucesivo al cine de terror. También usa recursos técnicos de vanguardia como el acelerado, el ralentí, o la película negativa que señala el paso al mundo de lo fantástico. En El último (1924) aparecen resonancias de crítica social, empleándose mucho los travellings subjetivos y los movimientos de la cámara sobre la grúa. Se habló entonces de la “cámara desencadenada” para aludir a la libertad que, por fin, había adquirido el objetivo.
Fritz Lang realiza, en base al tema de la lucha entre el amor y la muerte, La cansada muerte (1921), con grandes decorados y reconstrucciones históricas. Su serie El doctor Mabuse (1922) alcanzó una popularidad extraordinaria. Pero donde el expresionismo de Lang tiene oportunidad de explayarse es en las dos partes de Los Nibelungos (1923-24) y en la película de anticipación Metrópolis (1926).

(3) Además, claro, de que el expresionismo ofrece matices y contradicciones que no tienen otros movimientos del arte contemporáneo. La dificultad particular de analizarlo deriva, en parte, de la multiplicidad de sus manifestaciones. Se exponen sus principales notas diferenciales: es más un adjetivo que un sustantivo, posibilitando hablar, por ejemplo, del “expresionismo” de Goya; como movimiento, sus límites cronológicos y geográficos son imprecisos, aunque se trate de una tendencia alemana que se desarrolla entre 1910 y 1920; el aporte de los distintos grupos e individuos es muy diferente al de los otros ismos, pues cada artista de cada grupo trabaja con independencia de los demás; presenta diversidad estilística en la medida en que impregna a otras tendencias artísticas; se desarrolla en todas las manifestaciones artísticas; su insistencia en la libertad individual, en la supremacía del yo, se une a un irracionalismo que coincide objetivamente con los principios del nacional socialismo, teniendo una vinculación político-ideológica contradictoria al no saber compenetrarse con los movimientos políticos más progresistas y al ser rechazado por los nazis (Azcárate Ristori, 1995, pp. 552-553).

(4) Es un despegarse del pasado plástico, no en su desuso, sino en su libre y nueva aplicación. Esos intentos primarios los convoca Mitry (1978) al señalar que “sometido primero a la estética del teatro, a una puesta en escena simplista (telas de fondo, disposición de los actores cara al público, entradas y salidas a izquierda y derecha de escena, etcétera), luego a una escenografía rudimentaria, el cine, cuando quiso salir del carril en el que se había atascado, no pudo hacer otra cosa que crecer a la sombra de la pintura” (pp. 253-254).

(5) Esta estética llegó a conocerse, por su uso reiterado, “caligarismo”. No obstante, se aclara: “salvo Caligari, la mayoría de los films de este tipo fueron errores monumentales” (Mitry, 1978, p. 268).

BIBLIOHEMEROGRAFÍA

Azcárate Ristori, J. M. de, Pérez Sánchez, A. E. y Ramírez, J. A. (1992). Historia del
arte. Barcelona : Anaya.
Gubern, R. (1999). Historia del cine. Barcelona: Lumen.
Kracauer, S. (1985). De Caligari a Hitler. Una historia psicológica del cine alemán. Buenos Aires: Paidós.
Metz, C. (1972). Ensayos sobre la significación del cine. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo.
Mitry, J. (1978). Estética y psicología del cine. Madrid: Siglo XXI. Tomo 1.
Reis, C. y M. Lopes, A. C. (1995). Diccionario de narratología. Salamanca: Colegio de España.
Toeplitz, J. (1970). El cine y la coincidencia de las artes. Diógenes. 72.
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