GLOBAL VS. LOCAL

Como “acción a distancia” la globalización es explicada a través de ejemplos contundentes: ver en el noticiario la caída de la bolsada Nueva Cork o Tokio, la Tensión en Oriente Próximo, las consecuencias políticas de los poderes de seducción de una joven funcionaria de la Casa Blanca. Lo que implica, por tanto, una subordinación de operaciones culturales, políticas y económicas de una localidad a su contraparte extranjera.
Es el sometimiento de lo local a lo global. Es formar parte de una naturaleza social ambivalente: por un lado, está integrada y contaminada industrialmente; por el otro, está “purificada” en su virtualidad, propiciando que venezolanos e ingleses, españoles y chinos, rusos y brasileños se sientan más próximos. Es la vida cotidiana determinada por la transformación técnico-industrial, la fusión de los mercados, la manipulación biológica, los patrones uniformizantes de consumo, el desarrollo competitivo; efectos todos provenientes en su mayoría desde agentes externos, sean a la familia, a la comunidad, a la ciudad o al país.
Piénsese en Internet, esa materialización bytes de lo que McLuhan denominó “la aldea global”, dado que constituye un proceso creciente de complejas interconexiones entre sociedades, culturas, instituciones e individuos a escala mundial. Se trata de una comunicación que lo invade y lo conforma todo.
Resulta así que, sin distingo, patrones diversos afectan directamente a la familia (base social), redundando en procesos de transformación de las ciudades y de los países. En su economía, política y cultura los países se transforman para adaptarse a cambios operantes en otras latitudes. Cambian la administración, el escenario económico, los flujos humanos.
La prueba no es otra que la construcción y/o transformación de los parques industriales, la apertura política, las inversiones externas, los cambios tecnológicos, las nuevas demandas del mercado laboral, los intereses de la legislación ambiental, la compleja estructura jurídica que promueven los países para insertarse en las esferas globales, en fin, la actitud del individuo para buscar un lugar en un universo no demarcado por límites geográficos o institucionales, sino amparado por el carácter de lo simbólico, es decir, de aquello que se sabe que existe pero que es intangible.
Lo global aparece, a todas luces, como una compleja red, que no por no ser clara deja de ser efectiva. Y es que lo “glocal” (global y local) trabaja con una totalidad resultante de elementos constituyentes permeables y diversos, motorizando su “estabilidad” y/o existencia a partir de una única constante: los elementos constituyentes, en cuanto diversos y permeables ante los procesos externos, habilitan nuevas perspectivas y potencian problemas existentes, y hasta crean otros, colocándolos como nuevos procesos externos para latitudes distintas.
Lo internacional, como carácter, siempre ha existido. Lo que ahora nos ocupa es que lo internacional pesa cada vez más sobre lo nacional. No significa que desaparece la dimensión nacional de los problemas, pero sí, en cambio, que los asuntos internacionales pasan a tener una relevancia que antes no tenían. Piénsese en los flujos internacionales de capital que duplican el crecimiento del comercio internacional. Piénsese en el hecho de que el comercio crece dos veces más rápido que la producción mundial. No en balde la palabra “glocal” es producto de una necesidad de conceptuar por parte de las grandes corporaciones transnacionales con la finalidad de esquematizar sus nuevos procesos de mercadotecnia.
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729: PRODUCTOS ISRAELÍES









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CONSIDERACIONES SOBRE EL PROBLEMA DE LA IDENTIDAD EN LATINOAMÉRICA

América Latina es el lugar donde el pasado subsiste en términos nostálgicos o críticos. Europa, en cambio, experimenta cómo los procesos de la modernidad se caracterizan por una posición de relativa independencia respecto del pasado, pues éste no es visto en continuidad funcional con el presente. La diferencia es patente y radica en una unívoca idea: “la ‘muerte de la historia’ es una condición para el establecimiento de la modernidad como discurso global en la esfera estética: la victoria de Nietzsche” (Sarlo, 1995, p. 47). No es difícil extraer que la severidad del juicio sobre el pasado y de la ruptura con las tradiciones culturales es más radical en sociedades donde las formas modernas de las relaciones intelectuales están firmemente arraigadas, donde las fracciones estéticas e ideológicas ya se han configurado sólidamente, y donde las disputas sobre el canon, las autoridades y los símbolos son claras. Frente a una tradición sólida, la ruptura es la única estrategia posible para los nuevos artistas y las nuevas poéticas.
En Latinoamérica, en cambio, la relación con el pasado tiene su forma específica en la recuperación imaginaria de una cultura que se piensa amenazada por la inmigración, la aculturación y la urbanización, sin descartar, claro, el capitalismo como sistema (!). Ideologías políticas, estéticas y culturales se enfrentaron en este debate. Las reacciones fueron múltiples: la defensa de una elite del espíritu que se convirtiera en instrumento de purificación o, al menos, de denuncia de carácter artificioso y viciado de la sociedad; el recurso a mitos del pasado y la discusión de la herencia; el reconocimiento del presente como diverso y la apuesta a que era posible, sobre esa diversidad, construir una cultura.
Tal interés por levantar un piso cultural al encontrar sus bases en el pasado mítico e histórico hace a Latinoamérica moderna, la reconforta frente a un siglo XIX conflictivo e incierto. Se adentra en ello porque “la discursividad moderna nace de ese punto máximo de desprotección espiritual, de ese vacío que queda con el retiro de ‘la historia de dios’: de esa conciencia de lo que se extingue. Desde ese abismo, asumido, el sujeto puede pensarse conciencia de la historia que protagoniza y de la historia que reordena” (Casullo, 1989, p. 25). Las diferencias básicas respecto a Europa, y que se transmutan en la paradoja de la identidad, son: 1) desde la colonia, el latinoamericano a experimentado su deseo de posesión de lo que es del otro, del colono, pero que es suyo; 2) la herencia colonial y los resultados de las campañas independentistas, en vez de dar una identificación al latinoamericano, lo han escindido: el hombre poscolonial, cuando comenzó a buscar su historia, no lo hizo a partir de la autorreflexión en el espejo de la naturaleza humana, es decir, de la filosofía, sino a partir de la mirada antropológica, estudiándose a sí mismo como si fuera el otro.

De lo anterior parte la curiosa relación identidad-tradición, la cual ha promovido el establecimiento de tres respuestas a la aculturación: no resistencia a lo foráneo, resistencia a lo foráneo, unión de lo foráneo con lo nacional. Esta relación debe hacernos escépticos frente al problema de la identidad a la hora de llevarlo a la expresión artística; incluso antes de la globalización. La unión identidad-tradición, en el arte, forma un simulacro, una mera apariencia. Se pueden repetir los códigos, nacionales e internacionales, sin dar cabida al contrasentido. Para aceptarlo, se tendría que comprender, y se comprende, que el artista, latinoamericano o no, trabaja con una re-fundación de columnas, de soportes encontrados en los anaqueles, en los museos, en las cabezas de otros, allí donde se desenvuelven los materiales intelectuales ajenos. No implica una versión contemporánea del palacio doblemente soñado, primero por Kublai Khan y, siglos después, por Coleridge. Sí, en cambio, una prueba material de aquello que Borges llegó a percibir como patrimonio en el Escritor argentino y la tradición (en 1996, pp. 267 y ss.), susceptible de ser resumido por un único sustantivo: el universo. Es de entender. Con el dominio heredado de sus ascendientes, el escritor, el artista, nutre, sin devoción, cada una de sus construcciones y piensa que toda literatura, que todo arte, ha de adquirir capacidad de fagocito, ha de ser –a veces resulta inevitable recurrir a Perogrullo- literatura a base de toda literatura, arte a base de todo arte. Lejos la vía de la asimilación parasitaria; el escritor, el artista, a fuerza de transformar, destruye en pro de una obra previamente planeada.
Dicho comportamiento no compete únicamente al latinoamericano; pues se sabe: patrimonio universal, conducta universal. No hay que condenarlo: no está mal; no hay que alabarlo: es común.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS


Camps, V. (1993). Paradojas del individualismo. Madrid: Drakontos.

Casullo, N. (1989). El debate modernidad pos-modernidad (2ª ed.). Buenos Aires: Puntosur.

Borges, J . L. (1996). Obras completas. Buenos Aires: Emecé. Tomo 1.

Sarlo, B. (1995). Borges, un escritor de las orillas. Buenos Aires: Ariel.
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RACHEL CORRIE































”Ellos saben que a los niños en Estados Unidos generalmente no les matan a sus padres y saben que a veces llegan a ver el océano. Pero una vez que se ha visto el océano y se ha vivido en un sitio silencioso, donde el agua es algo normal y no algo que las aplanadoras roban durante la noche, y una vez que has pasado una velada en la que no has tenido que sorprenderte si los muros de tu casa no se derrumban repentinamente despertándote de tu sueño, y una vez que has encontrado a gente que nunca ha perdido a alguien -una vez que has vivido la realidad de un mundo que no está rodeado por torres, tanques, ‘asentamientos’ armados asesinos y ahora un gigantesco muro de metal-, me pregunto si podrías perdonar al mundo por todos los años de tu infancia que has pasado existiendo -sólo existiendo- resistiendo el constante estrangulamiento del cuarto ejército del mundo por su tamaño -respaldado por la única superpotencia del mundo- en su intento de obliterarte a ti y a tu hogar. Es algo que me pregunto sobre estos niños. Me pregunto qué ocurriría si de verdad supieran,” escribió Rachel Corrie a su familia el 7 de febrero de 2003, dos semanas después de pisar Palestina.
Rachel Corrie, de veintitrés años de edad para 2003, nació en Olympia, Washington. Activista por la paz, fue asesinada por el conductor de una aplanadora militar israelí (fabricada en Estados Unidos), quien la atropelló deliberadamente el 15 de marzo de 2003 en Rafah. Rachel estaba en Gaza oponiéndose a la demolición de casas de familias palestinas, como voluntaria del International Solidarity Movement (ISM).
Con el ISM, Rachel Corrie participaba en acciones para bloquear las excavadoras israelíes que intentaban destruir las casas de los kamikazes y de sus familiares en los territorios palestinos. En diferentes correos electrónicos, había escrito: “Abaten la casas aunque haya gente adentro”.
En una acción en Rafah, en la frontera de Gaza, Rachel Corrie se encontraba con sus amigos para intentar oponerse a las demoliciones. “Estaba sentada en la trayectoria del bulldozer, el conductor la vio, continuó y le pasó por encima” declaró Joseph Smith, militante pacifista estadounidense. “La excavadora le echó tierra encima y después la aplastó,” agregó Nicholas Dure, otro compañero.
Las autoridades israelíes han dado diferentes versiones del suceso. Todas ellas “desmienten” la documentación fotográfica y a los testigos. La verdad es una: la joven activista fue asesinada de manera brutal y a sangre fría mientras se interponía de forma pacífica a la destrucción de una vivienda familiar que no representaba ningún peligro para nada ni para nadie. Cada día decenas de casas siguen siendo destruidas en la frontera de Gaza, amén de que los bombardeos han dañado los pozos de agua dulce en los campos de refugiados de Rafah y que los mismos no pueden ser reparados por los trabajadores palestinos sin exponerse a las balas de los israelíes. Rachel Corrie viajó a Gaza para oponerse a estas acciones. Como ciudadana estadounidense, creía que tenía una especial responsabilidad de defender a los palestinos de las armas hechas en Estados Unidos y compradas con la ayuda estadounidense por Israel. "Esto es por lo que estamos pagando", escribió.
Con la creencia de que su chamarra anaranjada fosforescente le serviría de armadura, que su altavoz podría repeler las balas, Rachel Corrie se paró frente a las excavadoras, se durmió al lado de los pozos de agua y escoltó a los niños a sus escuelas.
La muerte de Rachel Corrie, que salió en los diarios durante dos días y después, virtualmente desapareció, se topó con un silencio oficial casi absoluto, a pesar de que los testigos aseguran que fue un acto deliberado. El presidente Bush nada dijo sobre una ciudadana estadounidense aplastada por una excavadora hecha en Estados Unidos y comprada con dólares de impuestos estadounidenses. Una resolución del Congreso estadounidense que exige una averiguación independiente sobre la muerte de la ciudadana Rachel Corrie quedó enterrada en la Comisión, abriendo paso a que la investigación de los militares israelíes, que quedaron convenientemente libres de cualquier sospecha, sea la única investigación oficial.
El ISM dice que esta ausencia notoria de voluntad por parte de la administración Bush ha enviado una clara y peligrosa señal. Según Olivia Jackson, una ciudadana inglesa de 25 años, aún en Rafah, "después de que Rachel fue asesinada, [los militares israelíes] esperaron la respuesta del gobierno estadounidense y la respuesta fue patética. Se dieron cuenta de que pueden salirse con la suya y esto los ha alentado a continuar". Primero fue Brian Avery, un joven de 24 años al que le dispararon en la cara. Luego fue Tom Hurdall, un activista del ISM al que le dispararon en la cabeza provocándole una muerte cerebral. Después fue James Miller, el camarógrafo inglés baleado a muerte mientras portaba un chaleco que decía "TV". En todos estos casos, los testigos declararon que los que dispararon fueron soldados israelíes.




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PRETEXTOS PARA LA GUERRA









22 de julio del 2006. Los diarios (las mentes lúcidas que leen los diarios) subrayan la máxima, que es clara: cuando hay una guerra lo que se ataca es a las poblaciones. El ciclo de la violencia en oriente medio continúa. Miles de civiles libaneses, israelíes y palestinos han quedado en el medio del fuego cruzado entre el ejército de Israel y las fuerzas del grupo armado libanés Hezbollah (Partido de Dios) ubicadas al sur del Líbano. En doce días más de trescientos civiles han muerto en los ataques israelíes contra Líbano. Asimismo, las fuerzas de Hezbollah han disparado cohetes a través de la frontera norte de Israel, provocando la muerte de veintinueve israelíes, quince de ellos civiles, entre los cuales se encuentran dos niños palestinos.
Desde el 25 de junio de ese mismo año la Franja de Gaza, ubicada en la parte sur de Israel, estuvo bajo ataque del ejército israelí, quien tenía por reclamo la devolución de un soldado capturado por el brazo armado de la organización política-militar Hamas, la cual, sobra decirlo, actualmente ejerce el gobierno de la Autoridad Palestina.
Hamas o Hezbollah (quienes también lograron capturar el 12 de julio dos soldados israelíes después de dar muerte a ocho en una incursión en el propio territorio de Israel) quizá tendrían por intenciones, viables en cualquier guerra, canjear los soldados por palestinos presos en cárceles israelíes, los cuales, entre hombres y mujeres, suman aproximadamente diez mil.
Todos los sucesos en conflictos armados internos tienen una utilidad: con la manipulación, son pretextos para la guerra. Israel cuenta con el apoyo de la administración Bush de los E.E.U.U., quien ha declarado: "Israel tiene derecho a defenderse del terrorismo", no sin antes involucrar a Irán y Siria como responsables de los ataques por proporcionar cohetes y armas a Hezbollah.
Don Gillerman, representante israelí en Naciones Unidas, deja la conjetura de que las verdaderas intenciones de su país se encaminan, más que a liberar a los soldados, a “extirpar el cáncer del terrorismo” en Líbano, para lo cual, aclara, “haremos todo lo necesario con todos los medios que sean necesarios y sin un plazo definido”. No obstante, aseguró, mintiendo, que Israel “no tiene intenciones de invadir”: la invasión comenzó la madrugada del 22 de julio. Frente a estas declaraciones el embajador del Líbano ante Naciones Unidas señaló al Consejo de Seguridad que los ataques y el bloqueo (norma que en América conocemos muy bien) impuesto al Líbano evidencian la determinación israelí de “matar y destruir, para así implantar la política de tierra arrasada por la que son conocidos” y reiteró que su Gobierno no tenía conocimiento previo, ni avaló el secuestro de los soldados, ni los ataques de Hezbollah contra territorio israelí.
Como toda reacción armada, y descartando la intención de liberar a los soldados israelíes, esta invasión también cuenta con un objetivo. Para Lily Traubman, activista de la organización Bat Shalom y Mujeres de Negro, el objetivo es desestabilizar la zona para dar paso a una mayor profundización del conflicto árabe-israelí: "esto es una cuestión de intereses, de grupos que tienen intereses en continuar el conflicto porque así pueden seguir dominando".
Resulta claro que los motivos del conflicto responden a un contexto internacional de lo que se ha llamado la lucha contra el Islam, contra el fundamentalismo, lo que es una farsa. "La lucha es en favor de la industria armamentista en la que Bush está completamente implicado y una forma de poder continuar, empezar y profundizar la liberalización de los mercados, ya que en estado de guerra se puede hacer cualquier cosa, y nadie discute nada, porque todos están preocupados en sobrevivir", señala Traubman.
Sí, se violan a diario, por los actores armados de la crisis, el derecho internacional, convención de La Haya y la IV Convención de Ginebra, que criminaliza los ataques deliberados contra la población civil, así como la declaración 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La crisis humanitaria en la Franja de Gaza continúa extendiéndose, donde 1.4 millones de personas se enfrentan a la escasez severa de agua, de alimento, de medicina y de electricidad causados por los ataques continuos. Durante el conflicto, las centrales eléctricas fueron bombardeadas, golpeando el sistema de electricidad de Gaza, incluyendo sus 22 hospitales. Los envíos internacionales de ayuda en alimento y medicinas no podían entrar, amenazando a miles de padecer hambre, sed y privándolos de atención frente a enfermedades y lesiones. En el caso del Líbano, donde puentes, aeropuertos y carreteras fueron bombardeados, gran parte de la población ha quedado aislada para poder acceder a refugios, llegar a las fronteras de Siria y Jordania, o a los puestos de ayuda humanitaria, supuesta a llegar según ONU. Otras 500.000 personas se encuentran en situación de desplazamiento.

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EL RESCATE DEL NUEVO SOLDADO RYAN







La invasión anglo-estadounidense había comenzado desde Kuwait; un convoy de apoyo del ejército norteamericano equivocó su ruta hacia Bagdad y cayó en una emboscada cerca de la población de Nasiriya. Tras un breve combate, varios vehículos del convoy norteamericano fueron destruidos, cinco soldados cayeron muertos y unos siete fueron heridos o cayeron presos de los iraquíes, incluyendo a dos mujeres soldados. Una de ellas (se dijo en una primera versión) estuvo luchando, siempre haciendo uso de su rifle M-16, hasta que fue capturada y llevada a un hospital de Nasiriya.
La soldado, de nombre Jessica Lynch, fue rescatada por una unidad de comandos de las fuerzas especiales en un aparatoso operativo nocturno, que implicó patear puertas, mantener armas largas en ristre y gritar “go, go, go!” ante los atónitos médicos y enfermeras que ya habían franqueado el paso y acomodado todo para la entrega de la soldado herida. Un informe de la BBC de Londres revela que todo esto fue filmado con cámaras especiales para captar imágenes nocturnas.
Según informó el Pentágono, la soldado Jessica Lynch, de 19 años, asignada a labores de suministro, fue capturada el 23 de marzo de 2003 durante una emboscada en el pueblo de Nasiriya, en el sur de Irak. El general Vincent Brooks, del Mando Central de Estados Unidos en Qatar, dio la información en una esperada, pero breve, rueda de prensa. "Las fuerzas de la coalición llevaron a cabo una exitosa misión de rescate de un prisionero de guerra estadounidense cautivo en Irak. El soldado volvió a una zona controlada por la coalición", dijo.
Fuentes oficiales informaron que Lynch fue rescatada por un comando de fuerzas especiales de la infantería de marina estadounidense, en una operación que comenzó un martes al anochecer. Las tropas atacaron la sede del partido de gobierno y un puente de la localidad, creando un elemento de distracción mientras las fuerzas especiales irrumpieron en el hospital donde la soldado se hallaba convalesciente. Lynch estaba en el centro médico de Nasiriya recibiendo tratamiento por heridas hechas durante la emboscada, en la cual varios de sus compañeros de unidad perdieron la vida, fueron hechos prisioneros o desaparecieron. Tras el rescate, la soldado fue hospitalizada de nuevo; el Pentágono aseguró que su condición era estable.
Después de la emboscada del 23 de marzo, las autoridades militares habían calificado la situación de Lynch como "perdida en combate"; sin embargo, el martes del operativo fue reclasificada como "prisionera de guerra". El diario The Washington Post publicó que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) había establecido su paradero a través de su red de espías. La CIA, aseguró el diario citando a fuentes del Pentágono, comunicó las coordenadas del lugar donde se encontraba Lynch y coordinó la operación de rescate con el ejército y la infantería de marina.
Jessica Lynch se convirtió en una foto, una suerte de souvenir político de múltiples presencias: un imán en la nevera, una camiseta, un bolígrafo, una película a punto de filmarse. Llegó a ser uno de los símbolos más celebrados de la guerra en Irak. No obstante, la incipiente leyenda heroica llegó a su fin.
John Kampfner, un viejo periodista de la BBC, puso en duda la versión oficial y partió a Nasiriya a buscar la verdad, esa verdad a punto de ser sepultada por las estrategias del mercado publicitario en los huecos de la Historia. Sin rodeos, en un posterior documental transmitido por la BBC de Londres, Kampfner aseguró que el episodio es "una de las más llamativas obras de manipulación de la noticia jamás concebida".
En el hospital donde estuvo internada la soldado Lynch, los médicos dijeron que recibió el mejor tratamiento que pudieron brindarle y que la chica había llegado con heridas de accidente de tránsito, por el vuelco que dio el camión en el que se desplazaba cuando cayó en la emboscada. Según el doctor Harith Al-Houssona, "le trasfundimos tres botellas de sangre, dos de ellas donadas por los propios médicos". El médico asegura que no vio heridas como las que describieron las fuerzas estadounidenses, que ahora dicen que Jessica se está recuperando. "Yo mismo la revisé. Vi que tenía un brazo roto, un muslo roto y un tobillo dislocado. No había signos de disparos ni balas en su interior, tampoco heridas de arma blanca", dijo.
Cuando los estadounidenses llegaron no había ni un fedayín a la vista. La misión fue concebida como un “reality show” en la que habría mucho de “show” y poco de “reality”. "Escuchamos el ruido de helicópteros", dijo el doctor Anmar Uday. "Estábamos sorprendidos. '¿Por qué hacen esto?', nos preguntamos, 'si no hay militares ni soldados aquí'. Fue como en un filme de Hollywood. Gritaban 'vamos, vamos, vamos', y disparaban sus armas, que no tenían balas. Hicieron una película de acción, como las de Stallone o Jackie Chan, con saltos y gritos, mientras pateaban las puertas. Todo el tiempo con la cámara rodando".
El periodista de la BBC le pidió al vocero del Pentágono, Bryan Whitman, la cinta original del rescate para aclarar las discrepancias, pero se la negó. "Entiendo que hay información conflictiva, y a su debido tiempo se contará toda la historia, estoy seguro", quiso tranquilizar Whitman.
Poco tiempo después, los medios estadounidenses comenzaron tímidamente a mostrar señales de reconocimiento de lo que a esta altura se presenta como un gran bochorno militar y mediático. Un editorial de The Washington Post (uno de los diarios que más espacio le brindó al episodio) hizo su “mea culpa” y reconoció que posiblemente toda la información fue falsa.

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A PROPÓSITO DE UNA CARICATURA DE ZAPATA


Un ridículo reptil, vestido a la usanza de los héroes nacionales, está arrodillado mientras eleva sus manos juntas y mira, en el pináculo de una cruz latina de madera, un letrero con la escritura “UH AH”. La figura está arrodillada en el suelo y dice, según una nube de diálogo que le pertenece, “…ahora y en la hora de nuestra patria o muerte, amén”. En el extremo inferior derecho se lee “XXI d. J.C.”; en el izquierdo: “ZAPATA”.
El diario El Nacional publica esta caricatura de Pedro León Zapata el domingo 25 de febrero de 2007. El análisis de este objeto conduce a la conclusión de la manifestación de un anhelo del caricaturista, un anhelo ya no privado, ya no secreto. Reclama, sin sutilezas, la venganza de la Historia. No en un mañana; ahora.
La venganza de la Historia tiene por sustancia el deseo de recobrar un pasado que, según las luces de razonamientos particulares, era la cúspide de la felicidad, de ese estado de gracia ya perdido por un presente, un fatuo presente, que, sin ningún escrúpulo, se lo robó. (Resulta válido en la historia contemporánea reciente, dividida, quiérase o no, en Repúblicas.) Recordemos que la interpretación de la Historia como decadencia es propia de la Antigüedad, que la expresó como doctrina de las edades del género humano. La sucesión de las cinco edades descritas por Hesíodo va desde la edad de oro, en la cual los hombres “vivían como dioses”, hasta la edad de los hombres, en la que están sujetos a toda suerte de males, a través de la edad de plata, de bronce y de los héroes que señalan la gradual decadencia del género humano.
Y esta venganza tiene por corolario la muerte, no como deceso, no como hecho que tiene lugar en el orden de las cosas naturales, sino, antes bien, en la simplicidad de esa relación muy específica que posee con la existencia humana, susceptible de ser nombrado con un sustantivo, con una sílaba, con un vocablo tan corto como un suspiro: fin. La cruz implica no sólo el asesinato, también el padecimiento moral y físico; además, claro, de constituir el único puente de comunicación con un hombre recordado y desaparecido, identificable por medio de una manifestación, eufórica en tiempos pretéritos al de la imagen: “UH AH”, a la que anexamos: “Chávez no se va”. Y se va, se fue, para el caricaturista, el cual nos coloca en una época inexistente, incierta, futura, para sugerirnos una idea: la desaparición física del innombrado, pero que, sin duda alguna, todos perciben, conocen, quién es.
No es este un procedimiento lícito para el ejercicio del humorismo, el cual resulta en una manera de enjuiciar, afrontar y comentar las situaciones con cierto distanciamiento ingenioso, burlón y, aunque sea en apariencia, ligero. El humorismo linda a veces con la comicidad y la ironía, sin que se confunda con ellas, y puede manifestarse en la conversación, en la literatura y en todas las formas de expresión, aunque, particularmente, lo hace en la caricatura, presentada como una “descripción o retrato exagerado o satírico de las peculiaridades de una persona, situación o hecho. Por lo general conlleva una crítica burlesca, pues se acentúan ciertos rasgos para ridiculizarlos” (Reyzábal, 1998, t. I, p.15).
Ya Gombrich (1973) ve un punto limítrofe entre la caricatura y el retrato, señalando que “los sociólogos nos han recordado cada vez con mayor frecuencia que todos somos actores y que interpretamos difícilmente uno de los papeles que nuestra sociedad nos ofrece, incluso los ‘hippies’. En la sociedad con que estamos familiarizados somos muy sensibles a los signos exteriores de estos roles y gran parte de nuestras categorizaciones operan a través de estas líneas” (pp. 25-26).
El humorismo, por tanto y sustancialmente, es una observación crítica sobre algo. Una observación; no un juicio, no una sentencia lapidaria sobre la vida de alguien. Quien hace eso es porque ya tomó partido; no la simple alianza de la simpatía, sino, antes que nada, la férrea relación con un grupo, un sistema, una alianza.
¿Qué es un reptil si no un animal de respiración pulmonar que las más de las veces tiene una temperatura alejada de la calidez? ¿Qué es si no un ser rastrero como la culebra? ¿Qué si no un bestia de patas cortas, condenada a caminar rozando la tierra con el vientre, como el lagarto? Es esa la mirada que el caricaturista tiene para unos hombres muy específicos. Aquellos que, disfrazados (porque el traje que lleva el reptil no es una vestimenta, es un disfraz) solicitan guía a un sacrificado (porque la cruz implica, tácitamente, el padecimiento).

Musa Ammar Majad
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EL CAZANAZIS

El arquitecto austriaco Simon Wiesenthal, considerado como la conciencia del Holocausto por el empeño de toda su vida en dar caza a los criminales del nazismo, falleció una madrugada de Viena a los 96 años de edad tras lograr la captura y procesamiento de más de 1.100 asesinos nazis.
"Su nombramiento no fue anunciado en conferencia de prensa, ni por algún presidente o primer ministro. Simplemente asumió esa labor. Fue un trabajo que nadie quiso", asegura una nota emitida por la página web del Dokumentationzentrum de Viena, embrión de los centros Wiesenthal repartidos por el mundo. "La misión era impresionante. El objetivo tenía pocos amigos. Los aliados se concentraban ya en la Guerra Fría, los supervivientes trataban de recomponer sus destrozadas vidas y Wiesenthal estaba solo en su papel como perseguidor y detective a la vez", añade la necrológica oficial.
Mundialmente conocido como el cazanazis, Wiesenthal creó su Centro de Documentación Judío en la capital austriaca en 1947, dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial y tras sobrevivir a 12 campos de concentración y ser liberado por tropas norteamericanas en el de Mauthausen (Austria). En sus memorias, publicadas en 1988 bajo el título Justicia y no venganza, lema de su vida, Wiesenthal aseguraba que "cuando se mire atrás en la historia quiero que la gente sepa que los nazis no pudieron escapar sin castigo por el asesinato de millones de seres humanos". Y, cuando en abril de 2003 anunció su retirada de la vida pública y el fin de su misión, declaró ante la prensa, no sin orgullo, que "a los asesinos de masas que he perseguido, les he encontrado y sobrevivido a todos".
Su presa mas famosa fue Adolf Eichmann, alto oficial de las temidas SS de la orden de la calavera y jerarca del nazismo, responsable de organizar el transporte a los campos de exterminio de millones de judíos de toda Europa. Wiesenthal no paró hasta dar con su pista en Argentina, donde Eichmann se ocultó tras la guerra y reveló su escondite al Mossad, los servicios secretos de Israel, que secuestraron al organizador del Holocausto y le trasladaron al estado judío, donde fue ejecutado en 1962.
El cazanazis, que trabajó con la aportación de informantes e investigadores voluntarios, extendió sus pesquisas a varios países de Sudamérica, donde intentó, sin éxito, la captura del ángel azul, el médico Joseph Méngele, quien pasó por Argentina y Paraguay y murió al ahogarse en Brasil.
Uno de los casos descubiertos por Wiesenthal es el de Karl Silberbauer, quien llevó a un campo de concentración a Ana Frank y que fue descubierto en 1963 cuando trabajaba como inspector de policía en Viena.
Otros criminales corrieron idéntica suerte: Franz Stangl, temido comandante del campo de la muerte de Treblinka, capturado en 1967 en Brasil; Josef Schwammberger, comandante del gueto de Przemysl, detenido en 1987 en Argentina; Hermine Ryan, nacida Braunsteiner, descubierta por los cazadores de Wiesenthal en Queens, en Nueva York, donde era un ama de casa. Las autoridades de EEUU extraditaron a esta última en 1973 a Alemania, donde fue juzgada y condenada a cadena perpetua como responsable por el asesinato de centenares de niños en el campo nazi de Majdanek.
"De las 600.000 personas que llevaron a cabo la matanza organizada y sistemática de judíos, sólo 7.000 fueron enjuiciados", declaró, luego de la muerte de Wiesenthal, Shevaj Weis, superviviente del genocidio y ex ministro israelí. "Wiesenthal -dijo Weis- fue el que más hizo para que esos criminales fueran llevados a los tribunales. En comparación con la inmensidad de la tragedia, tal vez fue poco lo que pudo hacer, pero sembró un mensaje de paz y justicia para el futuro, esto es, que hay castigo y no se debe olvidar ni perdonar a esos criminales".
Wiesenthal nació el 31 de diciembre de 1908 en Buczacz, en la región de Galizia, que entonces pertenecía a la monarquía de los Habsburgo y que en la actualidad forma parte de Ucrania. Estudió y se instaló como arquitecto en Praga en 1932 y ejerció su profesión hasta 1941 cuando, durante la ocupación alemana de Checoslovaquia, fue detenido. Durante su permanencia en los campos de la muerte durante algo más de cuatro años, Wiesenthal consiguió tomar nota de los nombres de cada uno de los criminales nazis que participaban en el genocidio y una vez liberado por las tropas de EEUU se dedicó exclusivamente a buscarlos. En su encierro intentó suicidarse, cortándose las muñecas, para evitar la tortura. Unos 89 miembros de su propia familia fueron asesinados por los nazis.
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