El GABINETE DEL DOCTOR CALIGARI




En Alemania, con el apoyo financiero del “Deutsche Bank”, se crea en 1917 la poderosa productora cinematográfica U.F.A. Se pretendía abastecer el mercado cinematográfico interior, pero también producir para la exportación. Estos objetivos se consiguen, en parte, porque el ambiente cultural expresionista suministra una base estética coherente y original, susceptible de fecundar la producción fílmica. Los antecedentes en este campo coinciden con la aparición de grupos como Die Brücke o Der blaue Reiter; en 1913, Wegener y Rye ruedan El estudiante de Praga, con el tema de un joven que vende su imagen reflejada en los espejos; la leyenda checa sobre el rabino judío que infunde vida a un hombre de barro inspira a Wegener y a Galeen El Golem (1914). El expresionismo cinematográfico se adentra, como consta, en el misterio y en lo legendario.
Las manifestaciones literarias, plásticas y arquitectónicas del momento se funden al reflejarse en la pantalla. Esto es evidente en El gabinete del doctor Caligari (1919) de Robert Wiene (1), donde se narran los crímenes del médium Cesare, hipnotizado por el perverso doctor Caligari. Si el tema es de por sí truculento, los decorados angulosos, con paredes inclinadas, ventanas flechiformes y extrañas chimeneas, contribuyen a crear un clima de angustia opresiva. Junto a esto hay que mencionar el maquillaje, los atuendos y la iluminación. Todo contribuye a alejar a El gabinete del doctor Caligari del “ingenuo” realismo. Nos hallamos frente a películas “artísticas” que asumen conscientemente su papel vanguardista sin renunciar, por ello, al aplauso del público (2). Se resalta el epíteto artísticas porque son filmes de activa participación en las vanguardias, contando con las características de aquella a la cual se pliegan. Así, son de resaltar los caracteres generales del expresionismo: diversidad de las formas, consideradas bajo el aspecto de la construcción y de la composición; necesidad de volverse con intensidad hacia la naturaleza interior, renunciando, por consiguiente, a todo embellecimiento de las formas exteriores de la naturaleza; mostrar los caracteres y las manifestaciones de esta transformación; ostentar los impulsos interiores en todas las formas que provocan una reacción íntima en el espectador; buscar detrás del velo de las apariencias exteriores (3). Sin embargo, ¿cómo se traducen en el cine? A saber: la firme proposición de una actitud antinaturalista, con escenarios que no imitan a la realidad, sino que reflejan plásticamente los estados anímicos de sus personajes. Este estilo se completa con el de la fotografía, iluminación, interpretación, etc.; subrayando un dato visual simbólico o un gesto. Se persigue la expresión oculta tras el objeto; los hechos en sí, como la enfermedad, el hambre, la prostitución, no tienen ningún valor, pues se debe distinguir su esencia y buscar tras ellos su significación, yendo más allá de su "falsa realidad".El efecto expresionista es el resultado de la iluminación: choques violentos de luz y sombra. Los actores adaptan sus actitudes y comportamientos a las contorsiones del decorado (4).
En tal línea, en El gabinete del doctor Caligari es la escenografía la que cobra una enorme trascendencia. Realizada con un sentido planimetrico, las calles y perspectivas no tienen profundidad real, lograda a veces a través de un telón de fondo que representa la prolongación de las callejuelas mediante líneas onduladas. Y sin respetar los ejes verticales, se transforman los interiores de exteriores en un marco inestable a punto de desintegrarse, con un movimiento si no real al menos psicológico, dado por la gran cantidad de direcciones diagonales. Las curvas, las líneas sesgadas, tienen en sí una significación netamente metafísica, porque la línea oblicua adquiere sobre el espectador un efecto muy diferente al de la recta, y las curvas inesperadas provocan una reacción psíquica de un orden totalmente distinto que las líneas de corte armónico. Lo que interesa aquí es crear la inquietud y el terror. La diversidad de planos se convierte en una preocupación secundaria. En la visión de un calabozo, donde los rasgos negros de ángulos y artistas se apretujan hacia arriba, la abstracción extrema y la total deformación del decorado logran su punto culminante.
Mediante ésta deformación seleccionada y creadora se dispone de medios que permiten representar la complejidad psíquica con intensidad. Fueron varias las películas en que se desarrolló esa "artificialidad" del decorado para crear las atmósferas cargadas del estilo expresionista. Del mismo Wiene se pueden citar Genuine y Raskolnicoff (basada en Crimen y Castigo de Dotoievsky).
En cierta forma, en El gabinete del doctor Caligari la distorsión se justifica al tener en cuenta que las imágenes representan la visión de un enajenado mental. Las manchas blancas y negras pintadas en el decorado, junto a los distintos elementos lineales, crean una verdadera puesta simbólica. Mitry (1978) la describe:
“César, símbolo de la agresividad inconsciente, es asociado a figuras triangulares. Interpretado por Conrad Veidt, amplio de hombros, delgado de caderas, moldeado en un ceñido traje negro, su propio cuerpo dibuja un triángulo. Los ojos, profundamente maquillados bajo los arcos superciliares, componen triángulos blancos inscritos en triángulos negros. La daga de que está armado constituye un triángulo blanco que se destaca sobre el triángulo negro de la casaca. Cuando César, en su sueño hipnótico, se encamina a matar a la hija del burgomaestre, penetra en su habitación rompiendo los cristales de una ventana vidriera y la rotura adopta una forma triangular, etc. Por su lado, la joven es asociada a verticales o a curvas gráciles. La habitación, espaciosa, casi vacía, donde reposa, da al jardín a través de ventanas vidrieras cuyos marcos forman paralelas alargadas hacia el cielo. Detrás de su lecho, un baldaquino componen arcos desde donde caen, lánguidos, largos velos blancos; y cuando César, en un sobresalto de lucidez, se apodera de la joven virgen en lugar de matarla, su largo camisón y los velos que arrastra sugieren, cayendo al suelo, la idea de un desastre semejante a la violación de Lucrecia...” (p. 268).
El expresionismo, por ende, traduce simbólicamente, a través de líneas, formas y volúmenes, la mentalidad de los personajes, al igual que sus estados anímicos e intencionalidad (5). Tiene mucho que ver con las manifestaciones pictóricas de la tendencia. No sólo por las formas, sino también por quienes las ejecutaron. Wiene, su director, obtuvo la participación de tres artistas expresionistas: Hermann Warm, Walter Röhrig y Walter Reimann, los cuales “eran adictos al grupo Sturm de Berlín que, por vías de la revista Sturm, de Herwarth Walden, promovía el expresionismo en todos los campos del arte” (Kracauer, 1985, p. 69).
Esta confluencia de los lenguajes artísticos en la narración cinematográfica deja claro una serie de consideraciones: que cada una de las disciplinas tradicionales del arte ha dejado su huella en la película, contribuyendo a determinar sus reglas de composición. Junto con la pintura tradicional, hay pues en la pantalla una pintura cinematográfica; junto con la literatura escrita, hay allí una literatura audio-visual; junto con el espectáculo escénico, hay un espectáculo cinematográfico; junto con la música tradicional, hay una música que “rige” la construcción de la película (Toeplitz, 1970, p. 100). En concordancia con las teorías de Étienne Souriau, que dictamina la correspondencia de las artes, las fronteras que separaban antes a las artes entre sí se esfuman o desaparecen. En ratificación, un ejemplo dado por Kracauer (1985):
“Caligari inaugura una larga procesión de películas hechas un ciento por ciento en estudios. Mientras que, por ejemplo, en esa época, los suecos se esforzaban en captar el aspecto real de una tormenta de nieve o el de un bosque, los directores alemanes, al menos hasta 1924, estaban tan complacidos con los efectos de interiores, que construían paisajes enteros dentro de las paredes del estudio. Preferían el dominio de un universo artificial a depender del capricho del mundo exterior. Su retirada dentro del estudio era parte del replegamiento general. Una vez que los alemanes decidieron refugiarse dentro del alma, podían permitir que la pantalla explorara esa realidad que abandonaban. Ello explica el papel preponderante de la arquitectura después de Caligari, circunstancia que ha llamado la atención a más de un observador. ‘Es de máxima importancia’, destaca Paul Rotha en una revisión del período de posguerra, ‘“aprehender la participación significativa del arquitecto en el desarrollo del cine alemán’. ¿Cómo podía ser de otro modo? Las fachadas y habitaciones hechas por el arquitecto no eran meros fondos para ambientar, sino jeroglíficos que expresan la estructura del alma en términos de espacio” (p. 75).
En virtud de las correspondencias artísticas, aunadas al comportamiento y espíritu de vanguardia, acudimos a un proceso semiótico en el cual el código convoca la adhesión de un emisor y de los receptores a quienes aquel se dirige. De este modo, la activación, por una parte, del código (o de los códigos) a que se refiere el emisor y la descodificación, por otra, del mensaje dirigido al receptor, exige una competencia comunicativa conjunta, como condición necesaria de convergencia para que se efectúe la semiosis (Reis y M. Lopes, 1995, p. 38). Esto significa que el funcionamiento del código se reviste de una dimensión social, al contener no sólo las prescripciones internas de su “gramática”, sino también su inserción en un determinado espacio y tiempo histórico, con los inherentes matices sociales, económicos y culturales de quienes utilizan el código. En El gabinete del doctor Caligari se combinan, en cuanto códigos, decorados, actores, luz y acciones, respondiendo al espíritu e interés de un colectivo histórico.

NOTAS

(1) Wiene fue su director; Hans Janowitz y Carl Mayer, sus creadores.

(2) Aparte de lo mencionado, el expresionismo alemán fue conocido en el mundo gracias a la obra continuada de algunos cineastas de talento. F. W. Murnau afrontó con sensibilidad la temática de moda. En 1922 filma Nosferatu el vampiro, adaptando al cine, por vez primera, la célebre novela de Stocker. Combina las escenas rodadas en el estudio con la filmación en escenarios naturales; así consigue el aire de verosimilitud que se exigirá en lo sucesivo al cine de terror. También usa recursos técnicos de vanguardia como el acelerado, el ralentí, o la película negativa que señala el paso al mundo de lo fantástico. En El último (1924) aparecen resonancias de crítica social, empleándose mucho los travellings subjetivos y los movimientos de la cámara sobre la grúa. Se habló entonces de la “cámara desencadenada” para aludir a la libertad que, por fin, había adquirido el objetivo.
Fritz Lang realiza, en base al tema de la lucha entre el amor y la muerte, La cansada muerte (1921), con grandes decorados y reconstrucciones históricas. Su serie El doctor Mabuse (1922) alcanzó una popularidad extraordinaria. Pero donde el expresionismo de Lang tiene oportunidad de explayarse es en las dos partes de Los Nibelungos (1923-24) y en la película de anticipación Metrópolis (1926).

(3) Además, claro, de que el expresionismo ofrece matices y contradicciones que no tienen otros movimientos del arte contemporáneo. La dificultad particular de analizarlo deriva, en parte, de la multiplicidad de sus manifestaciones. Se exponen sus principales notas diferenciales: es más un adjetivo que un sustantivo, posibilitando hablar, por ejemplo, del “expresionismo” de Goya; como movimiento, sus límites cronológicos y geográficos son imprecisos, aunque se trate de una tendencia alemana que se desarrolla entre 1910 y 1920; el aporte de los distintos grupos e individuos es muy diferente al de los otros ismos, pues cada artista de cada grupo trabaja con independencia de los demás; presenta diversidad estilística en la medida en que impregna a otras tendencias artísticas; se desarrolla en todas las manifestaciones artísticas; su insistencia en la libertad individual, en la supremacía del yo, se une a un irracionalismo que coincide objetivamente con los principios del nacional socialismo, teniendo una vinculación político-ideológica contradictoria al no saber compenetrarse con los movimientos políticos más progresistas y al ser rechazado por los nazis (Azcárate Ristori, 1995, pp. 552-553).

(4) Es un despegarse del pasado plástico, no en su desuso, sino en su libre y nueva aplicación. Esos intentos primarios los convoca Mitry (1978) al señalar que “sometido primero a la estética del teatro, a una puesta en escena simplista (telas de fondo, disposición de los actores cara al público, entradas y salidas a izquierda y derecha de escena, etcétera), luego a una escenografía rudimentaria, el cine, cuando quiso salir del carril en el que se había atascado, no pudo hacer otra cosa que crecer a la sombra de la pintura” (pp. 253-254).

(5) Esta estética llegó a conocerse, por su uso reiterado, “caligarismo”. No obstante, se aclara: “salvo Caligari, la mayoría de los films de este tipo fueron errores monumentales” (Mitry, 1978, p. 268).

BIBLIOHEMEROGRAFÍA

Azcárate Ristori, J. M. de, Pérez Sánchez, A. E. y Ramírez, J. A. (1992). Historia del
arte. Barcelona : Anaya.
Gubern, R. (1999). Historia del cine. Barcelona: Lumen.
Kracauer, S. (1985). De Caligari a Hitler. Una historia psicológica del cine alemán. Buenos Aires: Paidós.
Metz, C. (1972). Ensayos sobre la significación del cine. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo.
Mitry, J. (1978). Estética y psicología del cine. Madrid: Siglo XXI. Tomo 1.
Reis, C. y M. Lopes, A. C. (1995). Diccionario de narratología. Salamanca: Colegio de España.
Toeplitz, J. (1970). El cine y la coincidencia de las artes. Diógenes. 72.
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INCAPACIDAD


Alto en el patio, ardía.
-El fuego, como el hambre, es una de los signos del tiempo –pensé en voz alta, recordando el final del último cuento que escribí.
Rito preguntó de quién era la sentencia.
-Es de Bertrand Russell –mentí.
Luego de confesar que “no sé quién diablos es Betag Luces”, Rito confesó que le había gustado la frase. Me arrepentí de no hacer valer mis derechos de autoría. Probé con otra:
-Mediante el rodeo del posible suicidio, el niño se recupera.
-¿De quién es?
-Mía –mentí para volver a arrepentirme: a Rito no le gustó. Pensé en Sartre y en su incapacidad para agradarle a un hombre
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SOLEDAD FINAL
























































Fotografías de la soledad. Soledad última, sin carne. Vacía en el mármol del cementerio, en ese intento por recobrar una única presencia: el nombre. Sin embargo, esta serie de fotografías niegan el reconocimiento de la identidad humana para centrarse en la imagen repetitiva. Imagen que implica la aceptación de la culminación de la vida y que ve, las más de las veces, en la Eucaristía la fuente total de la misma. Es la soledad del abandono del hombre a la nueva creación de la criatura prometida por la exégesis bíblica. Es la soledad más cara. La soledad última.
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EN EL MURO DEL APARTHEID PALESTINO TAMBIÉN HAY NIÑOS







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SISTEMA DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA


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LA REDENCIÓN DE ARIEL SHARON


Veinticuatro años después de los acuerdos de paz para Galilea, Israel volvió, el año pasado, a bombardear a Líbano, incluso con bombas de fósforo prohibidas, causando 175 civiles muertos y la devastación del país. Acción ésta que no se justifica con los pretextos de liberación de dos soldados israelíes en manos de la resistencia Hezbolá y que deja, para muchos, en claro los propósitos reales de Tel Aviv y Washington, traducidos en planes hegemónicos en la región. La situación es fomentada por la ocupación norteamericana de Iraq. También en Gaza el ejército israelí comete un genocidio y ha dejado una catástrofe humanitaria. En el Consejo de Seguridad de la ONU, el veto estadounidense volvió a impedir la condena de Israel.
Como objetivo más inmediato, Israel se propone acabar con la resistencia de Hamas en Gaza y de Hezbolá en Líbano. Todo se mueve alrededor del desmantelamiento de esas milicias, sin que no haya nadie que defienda la dignidad de esos territorios. Para algunos la cadena resulta evidente: con Líbano dominado por Tel Aviv, amparado por Washington, sería más fácil dirigir un ataque militar contra Siria; luego le tocaría el turno a Irán. Por lo pronto, el propósito es asfixiar geográficamente a Damasco. Irán anunció que en caso de agresión a Siria, le brindará apoyo total a esa nación.
Mientras Israel agredía simultáneamente a los pueblos palestino y libanés, el veto de Estados Unidos a la resolución de condena en el Consejo de Seguridad anula cualquier rechazo a los ataques sionistas. A esto se aúna la indiferencia de la comunidad internacional y de la Unión Europea. Nadie sanciona el irrespeto de Tel Aviv a la Convención de Ginebra sobre el Derecho Internacional Humanitario en conflictos.
En una pública Declaración el argentino Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, ha calificado a Israel como “un Estado terrorista”, señalando: “Es doloroso tener que señalar los comportamientos aberrantes que el Estado de Israel viene cometiendo contra el pueblo palestino, atacando, destruyendo, oprimiendo y masacrando a la población, mujeres, niños, jóvenes son víctimas de esas atrocidades que no podemos callar y debemos denunciar y reclamar”.
Pensemos en Ariel Sharon. “Homicida”, “asesino”, “criminal de guerra”, “terrorista”, “comandante en jefe de un escuadrón de la muerte”: ninguna de estas palabras podrán ser encontradas en las notas difundidas por la prensa luego del derrame cerebral sufrido por el Primer Ministro israelí Ariel Sharon. Ello no sorprende. Sharon ha sido presentado como “hombre de paz” luego de la retirada de Gaza aunque se haya señalado que su único objetivo era facilitar el mantenimiento de la ocupación ilegal de vastos territorios de Cisjordania. Más tarde, a raíz de su controversia con líderes más extremistas y que insistían en seguir soñando con el Gran Israel, Ariel Sharon fue presentado como “centrista”.
Se pretende olvidar (o lo que es peor, quizá se reconoce como una virtud) que Ariel Sharon comenzó su carrera en la organización terrorista Haganah. A inicios de los años cincuenta dirigió un escuadrón de la muerte, la Unidad 101, que asesinaba civiles árabes para obligar a sus familias a abandonar sus tierras. A la cabeza de este escuadrón masacró a toda la población de la ciudad jordana de Qibya. Convertido en general, en justicia de sus actos de heroísmo durante la Guerra de los Seis Días, invadió el Líbano con sus unidades por iniciativa propia y desobedeciendo las órdenes del estado mayor. Una vez en Beirut, rodeó los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila y comenzó a exterminar a la población. Al no contar con suficientes hombres, confía a las milicias cristianas del mercenario Elie Hokeiba la tarea de terminar el trabajo. Juzgado por crímenes de guerra por un tribunal israelí, se le prohíbe ocupar cualquier puesto ministerial.
A comienzos del siglo XXI realizó nuevas provocaciones, las cuales inducen a la segunda Intifada. Se descubre entonces que la decisión que le prohibía ser ministro no le impedía ser Primer Ministro. Promete reprimir la Intifada que él mismo había provocado y es electo Primer Ministro. Rompe entonces con los partidarios del Gran Israel y organiza el nuevo despliegue del ejército de forma que fueran ocupados todos los territorios posibles al tiempo que hace operativa su defensa. Burlándose de la comunidad internacional construye un muro para modificar las fronteras de manera unilateral, luego repliega a los colonos y a sus tropas detrás del mismo y anexa de forma definitiva una parte de los territorios palestinos. Participa al mismo tiempo en una operación de limpieza política que preveía la eliminación física de Yasser Arafat y otros líderes, la censura de las candidaturas palestinas más representativas y el arreglo de las elecciones palestinas, la elección por defecto de Mahmud Abbas y, finalmente, la creación de Kadima, su propio partido político.
A todo lo largo de su carrera militar y, posteriormente, política, Ariel Sharon fue culpable, directa o indirectamente, de abusos y asesinatos en masa contra las poblaciones árabes. Violó el derecho internacional y pisoteó las resoluciones de Naciones Unidas al privar a poblaciones completas de cualquier esperanza de justicia. Sin embargo, estos crímenes son apenas mencionados en la prensa que prefiere describirnos a un nacionalista convertido en pragmático en su ancianidad y que ofreció una oportunidad a la paz al organizar la retirada israelí de Gaza. Ningún diario recuerda que luego de esta retirada la aviación y la artillería pesada se encargan de bombardear las ciudades palestinas. Con ello, los cronistas, editorialistas y expertos demuestran un desprecio infinito por las vidas palestinas.
En The Independent, el ex ministro conservador británico de Relaciones Exteriores, Malcolm Rifkind, lamentó la desaparición de Ariel Sharon, acontecimiento que compara con el asesinato de Yitzhak Rabin. Paradójicamente, el autor no se esfuerza demasiado en ocultar los abusos cometidos por aquel cuya desaparición siente. Recuerda la invasión del Líbano, la masacre de Sabra y Shatila, la escalada de la colonización y la provocación de Al–Aqsa. Pero, no obstante, considera que Sharon era el único capaz de lograr que los israelíes aceptaran la existencia de un Estado palestino.
El psiquiatra y editorialista neoconservador, reciente promotor del empleo de la tortura en la “guerra contra el terrorismo”, Charles Krauthammer, lamentó en el Washington Post la desaparición de Ariel Sharon de la vida política, el peor desastre que sacude a Israel en los últimos sesenta años, según él.
Yoel Marcus, editorialista de Ha’aretz, el diario de referencia de la izquierda israelí, saluda al “Charles de Gaulle israelí”, al hombre electo por la extrema derecha que organizó la retirada de Gaza. Lamenta que los palestinos no hayan sabido aprovechar la “oportunidad”, pero afirma, llevando aún más lejos la lógica culturalista con relación a la llamada falta de contraparte para la paz, que “los árabes serán siempre los árabes”.
Aunque predominante en la prensa occidental, la representación positiva del Primer Ministro israelí se ve matizada por algunos autores valientes y muy aislados. De esta forma, Gideon Levy, editorialista de izquierda de Ha’aretz, publica una opinión contraria a la de su colega Yoel Marcus. En su opinión, el balance de la política de Ariel Sharon con relación a Israel es globalmente negativo. Recuerda que el Primer Ministro llevó a cabo la colonización de los territorios ocupados, lanzó la invasión israelí contra el Líbano y participó en el fortalecimiento de Hamas. Para el autor, la retirada de Gaza constituye un acto de contrición respecto de la primera política, pero señala que Hamas seguía sacando provecho de la política de Ariel Sharon y que en estos momentos las tensiones con Irán llegan al paroxismo.
Yasser Abed Rabbo, ex ministro de la Autoridad Palestina y negociador de la iniciativa de Ginebra, es uno de los pocos dirigentes árabes que puede ofrecer su opinión sobre el tema en entrevista concedida al diario Le Monde: recuerda por qué los palestinos no notaron el “cambio” en el ocaso de la carrera de Ariel Sharon. Menciona la incursión de Qibya, la masacre de Sabra y Shatila y la operación de Jenin, elementos que explican porqué, contrariamente a la opinión occidental, para los palestinos la desaparición de Ariel Sharon no es la de un hombre de paz.
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HERR PRESIDENT


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BUCHENWALD Y AUSCHWITZ


27 de enero de 1945. El Ejército Rojo libera el campo de exterminio de Auschwitz. Buchenwald se autolibera el 11 de abril de ese mismo año bajo la dirección del Partido Comunista alemán. La elite política alemana quiere minimizar este hecho, dando importancia a su uso por la URSS después de la II Guerra Mundial. Los alemanes llaman a Weimar, situada en Turingia, "la ciudad de los poetas y pensadores" porque fue uno de sus más importantes centros culturales en los siglos XVIII y XIX. Nombres como Johann Wolfgang von Goethe y Franz Liszt se asocian a ella. Sin embargo, en sus afueras se halla, literalmente, una fábrica de muerte, planeada también por mentes alemanas entre 1937 y 1945: Buchenwald.
"No sabíamos nada de eso", era una respuesta que los aliados escucharon muy a menudo cuando en 1945 liberaron un campo de concentración tras otro. El 15 de abril de ese año el comandante estadounidense de Weimar estaba harto de tanta hipocresía. Tuvo una orden para el alcalde: reunir a mil ciudadanos para que fueran a ver lo que aseguraban no haber conocido. El grupo lo componían personas de los dieciocho hasta los cuarenta y cinco años, en primer lugar miembros y funcionarios nazis. Dos tercios deberían pertenecer a la clase alta, un tercio a la baja. El alcalde informó de que la marcha iba a durar seis horas, acompañada por médicos y ambulancias.
Los forzados visitantes del campo de concentración tenían mucha más suerte que los doscientos cincuenta mil infelices que entre 1937 y 1945 pasaron por Buchenwald. Las guardias de las SS tenían el derecho a asesinar a los enfermos y débiles por las razones que más les parecieran convenientes o, también, sin ninguna de ellas. La administración del campo registró sesenta y cinco mil fallecimientos. El ejército de EEUU grabó la visita de los weimarianos que vieron a los muertos, esqueléticos, amontonados delante del crematorio y otros, más muertos que vivos, de los veintiún mil que sobrevivieron el terror nazi. Algunos de ellos habían construido Buchenwald.
Se sabe que en 1937 empezaron las obras, llevadas a cabo por los propios presos en condiciones inhumanas. Ya entonces la política de las SS consistía en sacar el máximo provecho posible de los detenidos. Cada piedra de ese lugar la colocaron hombres y mujeres, bajo el frío, la lluvia y el hambre, aupada por una circunstancia que se diría, muchas veces, más fuerte que la voluntad: los golpes.
La muerte acechaba. Vestía uniforme negro, con una "calavera" en la gorra, unas runas "SS" en la solapa y una cruz gamada en el brazo izquierdo; tenía por pasatiempos las palizas, las torturas, las ejecuciones y los experimentos de laboratorio.
Después de la guerra se encontró la carta en la que una empresa química regateaba con las SS el precio de "150 mujeres en el mejor estado de salud posible" para un experimento. La industria consiguió bajar el precio por persona de 200 Reichsmark a 150 marcos. Eso sería hoy en día un valor de 1.000 euros y de 750 euros, respectivamente. En 1944 la fábrica Krupp "alquiló" a dos mil presos por 4 Reichsmark el día. Se ahorró el 75 % del sueldo habitual en un mercado de trabajo vaciado por la guerra. El dinero paró en las arcas de las SS, que ofreció a Krupp un servicio especial: entrenamiento de las guardias de las presas en un campo de concentración.
A pesar de toda la represión, los comunistas presos lograron organizarse y ocuparon poco a poco puestos importantes en la administración. El 18 de agosto de 1944 las SS asesinaron, ejecutando una orden de Hitler, al líder comunista Ernst Thälmann. Otros, como Jorge Semprún y el secretario general de la CNT del Norte, el navarro Víctor Moriones Belzunegui, sobrevivieron el infierno. Con habilidad, el PC alemán creó, con la ayuda de los polacos, rusos y franceses, su propio arsenal de armas para la liberación. Ese día llegó el 11 de abril, después de que dos mil miembros de las SS dejaron el campo para combatir o para fugarse. La operación duró dos horas y causó dos bajas entre los antifascistas. Ciento veinticinco SS cayeron presos, un número no determinado murió. Durante dos días los comunistas alemanes controlaron el campo hasta que la US Army tomó el mando.
En los tiempos de la República Democrática Alemana la liberación de Buchenwald era un día importante porque representaba la victoria del socialismo sobre el nazismo. En la República Federal, por contra, el "Verdugo de Buchenwald", un tal Sommer, terminó su vida en una residencia de ancianos.
Después de la unificación los cristianodemócratas empezaron a minimizar la lucha antifascista en Buchenwald, recordando que la URSS internó en ese "campo especial n°2" a nazis, tanto sospechosos como reales. De los veinte ocho mil internados, siete mil murieron. A la derecha alemana le parece poco la exposición especial sobre este capítulo de Buchenwald, mientras que muchos veteranos antifascistas la consideran un ultraje.
También está Auschwitz, sinónimo de la muerte industrializada. El 27 de enero de 1945 el Ejército Rojo liberó el campo de exterminio de Auschwitz, situado en Polonia. Poco antes las SS habían "evacuado" a sesenta y seis mil presos. Dejaron a cinco mil enfermos.
Antes de marcharse, las SS habían volado las cámaras de gas y los crematorios. No querían dejar huella alguna. Sin embargo, los soldados soviéticos encontraron abundante material sobre los experimentos del siniestro doctor Josef Mengele. El médico de los SS logró escapar y murió en libertad en algún lugar de América Latina. Asimismo las grandes empresas, como la alemana IG Farben y la estadounidense IBM, salvaron el beneficio adquirido durante el nazismo. En 1946 el comandante de Auschwitz, Rudolf Höss, reconoció que bajo su dirección, entre 1941 y 1943, habían muerto tres millones de personas.
El Holocausto ha sido el resultado de una política marcada por el acoso social, la ilegalización profesional y la expropiación de un determinado grupo humano. La "arianización" hizo que unos seis mil millones de marcos cambiaran de propietario. Cuando en otoño de 1941 la "Reichsbahn" transportó en sus vagones a miles de judíos del oeste alemán a los guetos de las recién ocupadas repúblicas bálticas, los deportados habían dejado todas sus propiedades en manos del Estado alemán. Incluso tuvieron que pagar su transporte hacia la muerte.
Con los sistemas y conocimientos de IBM, las SS registraron a sus víctimas y organizaron los transportes. Las SS compensaron estos gastos con el alquiler de sus esclavos a la IG Farben y a otras empresas que se habían instalado en Auschwitz. En el andén de Auschwitz las SS seleccionaron a los recién llegados entre "útiles" e "inútiles". Estos últimos tuvieron que entregar sus pocas pertenencias antes de entrar desnudos en las "duchas", donde el gas Zyklon B los mató. Un grupo de presos tenía la obligación de quitar a los muertos los dientes de oro y las prótesis. Después fueron quemados los cuerpos sin vida. Ahí no terminaba el aprovechamiento industrial: las cenizas servían de abono; de los huesos se hacía jabón; con la piel de los tatuados se fabricaban lámparas.
Los "útiles" murieron trabajando, llenando así las cuentas de las SS y de las empresas. Otros presos sirvieron de conejillos de indias para experimentos. He aquí lo singular del Holocausto: las víctimas de los nazis no eran nada más que una pieza industrial cuya fuerza y su material fue aprovechado al máximo. Los nazis asesinaron a seis millones de judíos, tres millones de presos de guerra soviéticos y doscientos veinte mil gitanos de Roma y Sinti.
En 1996 el gobierno cristiano-liberal de Helmut Kohl fijó el 27 de enero como fecha oficial para recordar el magnicidio cometido en nombre alemán. Los críticos decían que Kohl eligió el campo de concentración de Auschwitz para tener el recuerdo lejos de tierras alemanas.
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